La felicidad es frecuente

Impresiona ver las fotos del libro Atlas, escrito como se sabe por Jorge Luis Borges en colaboración fotográfica con María Kodama. Nos muestran a un Borges feliz, como bien señaló la especialista argentina Sylvia Molloy en el ensayo que valoriza esa obra. Se trata de un “Atlas asombroso y feliz”, remarcó la prestigiosa catedrática de universidades norteamericanas.
Y esto nos permite descubrir un aspecto poco abordado del autor de “El aleph”, que conocen quienes lo han tratado de cerca y quienes han leído bien sus páginas.
En Atlas habla varias veces sobre este tema, se refiere a “la peculiar felicidad de un paseo en globo”, también dice que que ha pronunciado la palabra felicidad porque cree que es la más adecuada, y revela que todos sintieron una felicidad casi física, y que Ginebra le parece la ciudad más propicia a la felicidad, por ejemplo.
“Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso”, asegura en su último libro, “Los conjurados”. “No hay un instante que no pueda ser el cráter del Infierno, no hay un instante que no pueda ser el agua del Paraíso”, agrega.
“Yo prefiero ser feliz a ser desdichado”, me dijo en una entrevista que le hice para la revista Panorama en los años ’70.
La belleza, como la felicidad, es frecuente, y asocia ambos términos. Lo manifiesta también en "Elogio de la sombra": “…en este mundo la belleza es común”.
En "Fragmentos de un Evangelio apócrifo" nos da claves para ser feliz, y también en "El poema de los dones", en sus escritos sobre Oscar Wilde, por citar solo algunos textos.
Claro que en un momento él creyó que la felicidad era inalcanzable. Luego se dio cuenta que puede ocurrirnos en cualquier momento, pero que nunca debemos buscarla, como advierte en “Un ensayo autobiográfico”.
Aunque “al cabo de los años, un hombre puede simular muchas cosas pero no la felicidad”, escribe en "La memoria de Shakesperare".
Borges no simula. Las fotos de esta muestra, que es un Atlas ampliado, dan testimonio de su condición.
Esta exposición, como su libro, puede parecer caótica, y -como ese trabajo- no consta de una serie de textos ilustrados por fotografías o de una serie de fotografías explicadas por un epígrafe, sino de una unidad hecha de imágenes y de palabras. Son fotos de viajes, parte de una colección, tomadas por María Kodama, que no es una profesional pero que ama el arte de la fotografía y por eso siempre trata de captar esa realidad que a veces asoma más allá de lo visible. Tampoco tenía cámaras profesionales, pero el testimonio que logró es revelador. Por eso, como el propio Borges narra en el prólogo de Atlas, recorrieron y saborearon muchas regiones, que sugirieron muchas fotografías y muchos textos. Esa fue la primera causa de esa obra. La segunda fue Enrique Pezzoni, que las vió. Alberto Girri observó que podrían entretejerse en un libro.
Ahora, parafraseando a Borges, con esta muestra queremos compartir con él y con María Kodama, con alegría y con asombro el hallazgo de sonidos, de idiomas, de crepúsculos, de ciudades, de jardines y de personas, siempre distintas y únicas. Como las páginas de ese libro, queremos hacer monumentos de esa larga aventura que prosigue, eternamente…

Fernando Flores